El desapego no es un alejamiento frío, hóstil; no es una aceptación resignada y desesperante de todo quello que la vida y la gente nos tire en el camino; no es una manera robótica de ir por la vida, absortos y totalmente indiferentes: no es una situación de inocente dicha infantil ni un desentendimiento hacia lo que son nuestras verdaderas responsabilidades sobre nosotros mismos y hacia los demás.
El desapego se basa en la noción de que cada persona es responsable de si misma, en que no podemos resolver problemas que no nos corresponden solucionar, y que preocuparnos no nos sirve de nada.
Si la gente se ha fabricado desastres a si misma, le permitirmos enfrentar las consecuencias. Le permitimos ser como es en realidad. Le damos la libertad de ser responsable y de madurar.
Y nos damos a nosotros mismos la misma libertad. Vivimos nuestra vida al máximo de nuestra capacidad. Luchamos para discernir qué es lo que podemos cambiar y qué es lo que no podemos cambiar.
Luego dejamos de tratar de solucionar o cambiar aquello que no podemos.
El desapego implica "vivir el momento presente", vivir en el aquí y en el ahora. Permitir que en la vida las cosas se den por sí solas en lugar de forzarlas y tratar de controlarlas. Renunciar a los remordimientos por el pasado y a los miedos por el futuro.
Nos liberamos de nuestros pesares y preocupaciones y nos damos a nosotros mismos la libertad para disfrutar de la vida a pesar de nuestros problemas no resueltos.
Lo que somos es lo que hemos sido; lo que seremos es lo que hacemos ahora.

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