
Así lo afirman los grandes sabios y filósofos. El dolor es inherente a la naturaleza humana, lo tenemos programado, junto con los demás caracteres que nos tornan tan imperfectos.
Nos duele amar, nos duele crecer, nos duele saber que hay cosas que están fuera de nuestro alcance, así como también duele no saber, o saber demasiado.
Entonces, el cuestionamiento que nos queda siempre es: si tenemos el panorama tan claro así, porque perpetuamos nuestro dolor, convirtiéndolo en sufrimiento?.
La ventaja de haber nacido en este tiempo es que ya nacimos con las preguntas hechas, que llevan intentando ser respondidas siglos. A veces encontramos nuestra propia respuesta para determinados asuntos de nuestra vida, o talvez solo para una situación particular.
Pero la respuesta del sufrimiento queda flotando siempre. Los siglos que lleva este mundo no han sido suficientes para respondernos el porqué de nuestro masoquismo (o talvez no lo sea, total, no sabemos).
Cómo hacemos para sacarnos de encima todo lo que nos hace mal, cómo hacemos para diferenciar lo que está en nuestras manos de las que no lo están?. Cómo hacemos nuestro exorcismo espiritual?. Esa purga tan vendida como comentada, pero que aún no sabemos como llevar a la práctica.

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