La desamada es una mujer, soltera, que todavía sostiene ese exotismo típico de quienes se proclaman la oveja negra de la familia, como si se colgaran una medalla en el pecho.
Sensual y atractiva, un poco hippie, intelectual perezoza, irresponsable por desidia, a veces garronera y artesana amateur, la desamada no encuentra un rumbo en su vida.
Con meticulosidad infalible, la desamada no termina nada de lo que empieza. Su currículum abriga los trabajos más diversos: animadora de fiestas infantiles —con traje de payaso y grabador—, recepcionista de un teatro, camarera en un bar del micro centro, profesora particular de inglés. Incluso hizo una publicidad de telefonía celular con la que ganó unos cuantos pesos e incursionó en el cine de autor de la mano de un grupo de estudiantes que le ofrecieron el protagónico de su cortometraje más importante (ocho minutos sin diálogos y en video), y tuvo una banda de Calipso pop durante cinco años.
A pesar de que es linda, la desamada siempre está enfrascada en relaciones complicadas con extranjeros que están de paso, compañeros de trabajo y hombres casados con los que no puede armar nada en serio. Llama fácilmente la atención por su desparpajo y su aire aventurero. Usa ropa holgada, un poco playera, con un dejo hindú y collares de cuentas. Jamás elige nada de oro o con brillantes ni demasiado cosmopolita. A veces también se hace su propio vestuario comprando en ferias americanas prendas que a veces tienen onda y a veces tienen onda de linyera, y se corta el pelo o se teje sus sweaters ella misma con modesta destreza y buen gusto.
Su departamento es viejo, cálido y está atiborrado de recuerdos, manualidades y artesanías, aunque, por falta de fondos, está bastante venido a menos. Hace años que no le cierra el horno o no tiene agua caliente, y aunque muchas veces tuvo oportunidad de ponerlo en condiciones, siempre prefirió gastar el dinero en un concierto, un vestido, o bien dilapidarlo lentamente en una cervecita nocturna para beber en el balcón.
Tiene un psicólogo medio chanta, que la atiende en la cocina, le ceba mate mientras la atiende, que jamás se llama licenciado Goldstein, sino Willy, La negra o Memé. Le gusta el I-Ching, leer el tarot, las runas pero también lee a Lacan. A veces medita u organiza encuentros de alguna disciplina rara vinculada con la expresión corporal y la filosofía oriental y cree mucho en la buena onda, la vibración y la energía que le transmite la gente.
Tiene dos variantes muy marcadas: la brasilera y la folklorista. La primera, previsiblemente adora ir a Brasil a emborracharse con caipirinha en la playa y hacerse masajes con desconocidos, estudia capoeira y escucha bossa nova, sueña con irse a vivir a Bahía con un novio que toque el bongó. La segunda, en cambio, visita peñas y canta zambas con su guitarra, adora la comida regional, la ecología, los vegetales orgánicos, los tapices de telar, el mate con yuyos, la cultura indígena en cualquiera de sus formas y vacacionar en alguna playa poco conocida.
Pero a pesar de las diferencias, las dos son la misma persona. Un mujer desparramada, una promesa incumplida, un alma a la deriva, una voluntad que no encuentra el centro.

"Un alma a la deriva, una voluntad que no encuentra el centro". jaja. Qué puedo decir??...Quién se ocupó de mi descripción???. jaja, Me siento pintada de cuerpo entero, excepto porque ...Bueno, soy una desamada más citadina y menos espiritual. En la apariencia externa seguranmte tengo mucho en qué discrepar, pero por lo demas...Esa soy yo!, jaja. Angie, eres lo máximo!. Es el post que me ha llegado a lo más profundo del corazón - que ahora estoy descubriendo que si lo tengo- jaja, Me siento desnuda!!. muy buen post!. Esperaré ansiosa el próximo
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